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lunes, 5 de enero de 2009

MUM – La otra música

Comentario del concierto brindado en el Teatro del Pueblo – Ferrara

Se sabe bien lo difícil que se torna subsistir en estas latitudes, para los artistas que intentan hacer música experimental, creativa o simplemente distinta. Pero no sucede lo mismo en todo el mundo. El sello Ingles Fat Cat, especialistas en lanzar a cierto mercado las creaciones de músicos independientes e innovadores han hecho lo propio con la última producción del grupo Islandés MUM.
El CD se llama “Summer make good” fue concebido y escrito en un retiro en el faro de una isla del noroeste de Islandia, y luego grabado en otro faro abandonado. Esta circunstancia lo hace ser una creación conceptual, profunda y poética.
Cuando hablamos de Islandia sabemos que la referencia musical indiscutible es Bjork quien consiguió una gran popularidad con su pop electrónico vanguardista, pero no es lo único que este misterioso país nos puede ofrecer artísticamente. MUM es una banda de cuatro jóvenes, casi adolescentes, Gunnar Om Tydes, Orvar Smarason y las gemelas de formación musical académica Gyoa y Kristin Valtysdottir. (Luego Gyoa se separo de la agrupación para continuar con sus estudios de violonchelo) que comenzó a sonar en 1997 en Reykjavik.
En la gacetilla del concierto dado en “il teatro dell Popolo (Ferrara – Italia)” se anuncian como rock melancólico y verdaderamente después de escucharlos es muy difícil definirlos. Intentemos el método de la aproximación. Son seis componentes que ejecutan una variada gama de instrumentos acústicos (melódica, acordeón, serrucho con arco –si, aunque no lo crean- viola, violín, arpa china, un violín extraño con una cornetita, y porque no, algunos pequeños instrumentos de cotillón) mezclados con varios teclados, guitarras, bajo, batería y la isla de edición electrónica. Logran un interesante equilibrio entre los ritmos electrónicos, las melodías Pop y ciertas texturas clásicas y folclóricas, pero no por ello deja de ser un sonido difícil a primera audición. Pero si se logra conseguir la llave y descifrar su misterio, tiene para ofrecer un mundo expresivo, oscuro, rico y encantador.
Todos los integrantes son multiinstrumentistas, quizás como única fórmula posible para llevar sus complejas creaciones a escena. La voz de Kristin es aniñada, muy sutil y tremendamente dramática. Las melodías rescatan texturas de leyendas de viejos pescadores, faros de fin del mundo, tormentas gélidas, niñas perdidas en bosques oscuros, juegos solitarios de la niñez, islas horadadas por incansables olas heladas. O al menos esas son las sensaciones que a uno le brotan. El concierto se desarrolla sin palabras, como un viaje o un vuelo. A pesar de ser una ceremonia colectiva, la relación con los sonidos es de ser a ser; íntima y profunda. La estética general, por jugar a encuadrarla, podríamos decir que se asemeja a la del pop gótico.
Algunos amigos creen que es música ideal para suicidarse un domingo, sin embargo yo le encuentro la belleza y la fascinación del abismo.