Cada mañana me veo al espejo. El espejo pertenece a un sistema de objetos perpetrados para sumirnos en la ilusión. Nos acercan a la forma en igual medida que nos alejan de la esencia, de aquello que realmente somos. Si es que alguien tiene alguna remota idea de lo que somos.
En la zona central de mi cuerpo veo crecer día a día un universo estomacal. Se agregan continentes, mares, montañas y todo tipo de relieves en expansión. Esta situación se me hace difícil de sobrellevar, disminuye mi autoestima, me hace sentir la última mata de polvo en la galaxia.
Angustiado por la situación y para sacarme las culpas de encima, estoy en condiciones de asegurar que el culpable es que hizo el diseño de lo humano.
¿Por qué no hizo la abertura de la boca más pequeña y la del culo un poco más grande? ¿Por qué no intercambió las dimensiones?
Que lindo seria tener el agujero del ano grande y extensible como el de la boca. Basta de estreñimientos, laxantes, enemas, hemorroides, proctólogos sádicos y otras misceláneas que mejor ni nombrar.
Que bien nos vendría una boquita chiquita y fruncidita como un culete, comeríamos poco y todo bastante predigerido. No se necesitarían dietas, ni pastillas, ni tizanas, ni esos horrendos ejercicios facilísimos de hacer que promocionan por TV.
Con esta innovadora idea bastaría con un multiprocesador, un tazón y un sorbete. En lugar de llamar “todos a comer” diríamos “todos a chupar”.
Eso si, olvídense de la felatio, es sólo un pequeño efecto colateral.
Imaginen dejar de escuchar a la patrona diciendo:
- estuve tres horas cocinando, para que se lo engullan en cinco minutos y ahora me queda toda esa parva de trastos para fregar
Y de yapa la cantidad de pelotudeces y mentiras que dejaríamos de decir. Hasta es posible que dejen de existir los políticos.
Caerían en el ostracismo frases como “el pez por la boca muere” o “el silencio es salud”.
Ante semejante esfuerzo oral para pronunciar palabras casi incomprensibles, nacerían espontáneamente otras formas de comunicación, novedosas e interesantes. Roses, guiños, presiones, caricias, pellizcos en diversas zonas del cuerpo, pasarían a formar parte de un nuevo universo de expresiones.
Ahora me siento mejor, planteo el problema pero también propongo la solución, me merezco un sánduche de milanesa.
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jueves, 1 de octubre de 2009
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