jueves, 9 de septiembre de 2010

Bienaventurado


Su padre había muerto. Él ya no estaba. Quizás él y su padre nunca estuvieron. Sacó cuarenta tazas y cuarenta platos. Puso sobre la mesa cada taza con su plato. Extendió el brazo derecho sosteniendo un plato y una taza. Separó el pulgar y el índice: la taza y el plato se hicieron trizas contra el suelo.

El velatorio fue a cajón cerrado. Los deudos estaban como ausentes, mudos de verdades. Llenaban de palabras lo inexplicable. Evocaban, como en un paso a nivel clausurado, sin ir más allá.

Descalzo en el living, estático para no cortarse, exhibía para sí las imágenes del funeral una y otra vez. Tiró el décimo plato y la décima taza esperando que sobrevivan. La loza destrozada mostró pedazos de flores, filigranas, frutas y asas.

En la sala mortuoria los niños escribieron en una pizarra. Palabras nunca dichas, escribieron. Un hombre mayor los sermoneó sin entender. Sin entender que los niños no saben de pecados. Algunos mocosos subieron las escaleras gateando de a peldaños. Besaron a sus madres, en el escalón siguiente besaron a sus esposas y en el descanso besaron a sus amantes.

Había pensado tantas veces el asesinato. Su padre, siempre tan sabio, se le adelantó. Tan sabio en su ataúd.
Con la última taza y el último plato suspendidos en el aire, supo que dedicaría el resto de su vida a resucitarlo.

4 comentarios:

  1. Fuáaaa!

    "Tiró el décimo plato y la décima taza esperando que sobrevivan."

    Da que pensar el texto, mucho, para variar...
    Lo inevitable de la herencia, digo, del propio accionar condicionado por nuestros antepasados, contrapuesto a la inocencia nata no contaminada:

    "Besaron a sus madres, en el escalón siguiente besaron a sus esposas y en el descanso besaron a sus amantes."

    Me parece que me fui por las ramas, ojalá usté me entienda, o mejor dicho, yo lo haya entendido a usté jejeje

    Bravo!

    Beso

    ResponderEliminar
  2. ...dedicaría el resto de su vida a resucitarlo.
    Juntó con sus brazos el rompecabezas de losa esparcido en el suelo,
    y con gotas de sangre que brotaban de sus dedos,
    pego uno por uno los recuerdos del sabio progenitor.
    y ahora toman juntos el té compartiendo el terrreno yermo , y en paz descansan.

    como siempre con mucha intensidad!Diana,G

    ResponderEliminar
  3. Lo he leído tantas veces, como interpretaciones le he hecho. ¿No me das una pista?
    CARIÑOS

    ResponderEliminar
  4. Este es otro sobre el que te voy a consultar que quisiste trasmitir.. eso es lo bueno de conocer al autor no?

    ResponderEliminar

Se donde viven