domingo, 3 de enero de 2010

Ulises

Ulises, el escarabajo, cantaba canciones patrias. Era el mas feo de los alumnos, por eso trataba de aprender rápido. Feo y burro hubiera sido una calamidad.
Iba por el camino de regreso a casa entre “vuelos triunfales y águilas guerreras” cuando una bola de ramas a toda velocidad se lo llevó por delante.
- Ey ¿Qué hacès? Soltame que tengo que volver a casa – reclamó Ulises.
- No puedo, tengo estas hojitas con serruchito que se pegan a todo – se disculpó la enramada.
- Mi mamà me va a matar.
Empujados por el viento rodaron por la ladera de la montaña, cuesta abajo. La velocidad dejó mudo a Ulises. Se puso de un color marroncito claro. Es lo máximo que se pueden aclarar los escarabajos cuando se ponen pálidos.
Ulises “el aplicado” jamás se desviaba del camino, por eso no conocía esta parte de la montaña. No había visto el brillo de los trigales ni las aspas del molino. Ni lo bochinchera que es el agua del río cuando corre.
El pequeño escarabajo seguía con su padre las carreras de Fórmula 1 por TV. Muchas veces se metía en una cajita de fósforos y manejaba a toda velocidad. Casi siempre cruzaba el disco primero. Parecía que su sueño se había hecho realidad, aunque no estaba muy seguro de estar disfrutando. Sentía una mezcla de miedo y espíritu de aventura.
El asunto se complicó cuando cayeron al precipicio por el barranco. El fórmula 1 se transformó en aeroplano. Sintió que el estómago se le salía del caparazón y que las antenas le vibraban enloquecidas.
Agarrados el uno al otro sintieron el golpe que los sumergió en el rió. Antes de que el ahogo diga “muerto” volvieron a flotar. La corriente los hizo girar. En cada vuelta, Ulises se hundía y salía; se hundía y salía. Las primeras veces tosió agua, pero después se acostumbró. Y hasta esperaba con ciertas ansias la oportunidad de volver a sumergirse y sentir las cosquillas de los renacuajos rozando sus patas.
- Una prima mía, una vez se prendió a un chicle masticado y nunca más se separaron – Sentenció el ovillo de ramas.
El comentario preocupó mucho a Ulises. ¿Cómo iba a comer y a dormir enroscado aquí dentro? Pensó que su mamà debía estar preocupada, quizá nunca más la volvería a ver.
El tronco de un árbol caído sobre el río les detuvo la marcha. Del golpe Ulises salto a la orilla. No estaba dentro del ovillo. Se quedó un ratito respirando fuerte y secándose al sol. En el fondo se divirtió bastante y nunca había tenido una amiga tan cercana con quien jugar.
- ¿Nos vemos mañana a la salida del Cole? – Le preguntó Ulises a su nueva amiga.

5 comentarios:

  1. Yo conozco en carne propia la realidad de Ulises , además de feo soy petiso , y así la cosa se complica un poco mas. Debemos tener alguna gracia particular porque si no, ni amigas de amigas podríamos tener!!por suerte Ulises consiguió una amiga un poco impetuosa , aunque a simple vista pareciera avasallante a Ulises le atrae…

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  2. Me encanta Ulises.
    Me lo imagino con orejas de burro =)
    Muy, muy tierno!

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  3. SI, Ana, volvió Ulises! Todos lo extrañábamos.

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  4. Huipi!!!, estabamos por armar el grupo, aparicion con vida de Ulises...
    Es un dulce, no te lo comes ???

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